lunes, 11 de mayo de 2015

CARLOS SIERRAS CULMINA LA DURÍSIMA TRANSVULCANIA EN LA ISLA DE LA PALMA


1800 corredores tomaban la salida desde el Faro de Fuencaliente a las 6:00 de la mañana. Por delante 73.3 kms , 4500 mts de desnivel positivo y un calor sofocante en la parte más dura de la carrera. Una muestra inequívoca de la dureza de esta prueba fueron los cerca de 400 abandonos. La prueba comenzó desde el nivel del mar subiendo por un lento terreno volcánico hasta llegar a el conocido pueblo de los canarios , donde sin que hubieran salido aún los primero rayos del sol , todos sus vecinos estaban a pie de calle vitoreando y aplaudiendo como si cada corredor fuera el primero de la carrera.

La prueba seguía subiendo hasta alcanzar casi los 2000 mts de altitud y desde lo alto de la cima se podía apreciar con los primeros destellos de luz la grandiosidad de la isla y la belleza de su paisaje.
Tras  bajar unos cientos de metros para llegar a una zona de bosques de pinos y pistas forestales se volvía a coger altura ya en las horas de más calor del día hasta coronar en el Roque de los muchachos, allí se podía apreciar los estragos del calor y los grandes desniveles con gran cantidad de corredores deshidratados y muy  mareados.

Comenzaba aquí un interminable descenso de 17 kms donde partiendo de 2000 mts se bajaba a nivel del mar ,teniendo en cuenta lo avanzado de la carrera aquí las fuerzas ya iban muy justas y las rodillas y los cuadriceps iban prácticamente al límite.

Una vez llegamos al Puerto de Tazacorte , ya solo quedaban 5 kms para alcanzar la meta en los LLanos de Aridane se encaraba el tramo final con las pocas fuerzas que los participantes tenían , una terrible cuesta final de 400 mts de desnivel en tan solo 1 kilometro que terminó de poner a prueba a los atletas haciendo que llegaran a la meta con más corazón que piernas.

La llegada a meta fue indescriptible , al igual que el paso por los pueblos , la gente de la isla se desvive por aplaudir ,ofrecer cosas , llamando por el nombre a cada uno (el cual está en el dorsal) y los niños estiran sus manos para que puedan palmearlas consiguiendo un momento mágico y muy emotivo en la llegada a meta tras 73 kilómetros de esfuerzo.

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